PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE

PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE
¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD SINO EN TU PROPIO CORAZÓN?

lunes, 14 de junio de 2010

NUESTRA VIDA MEDIO ROTA POR EL DOLOR DE LA PERDIDA

Conducía mi automóvil cuando escuché en el radio una vieja melodía. Era una de mis preferidas en mi juventud. Una canción sobre el amor que se encuentra y el amor que se pierde.


En el último verso Janis Joplin exclama con sentimiento: “¡Cambiaría todos mis mañanas por un solo ayer!”.


Hasta ahí yo no estaba cantando tan mal, pero en ese momento, se me atoró la voz en la garganta y no pude continuar. En ese momento las escuetas palabras de una simple canción me recordaron que yo no me encontraba tan alejado del dolor de la pérdida.


Uno puede evocar fácilmente a quien perdió y relacionarlo con los sucesos más inocentes. El aroma de cierta comida hecha en casa, un lugar, un perfume, una palabra. Esos momentos llegan directamente al sitio de nuestro corazón que hemos reservado especial y secretamente para aquellos que colocamos allí mucho antes de su muerte, y que allí continúan viviendo. Son momentos que nos hacen afirmar que desearíamos tener un ayer más.


Declaramos que cambiaríamos algunos mañanas por un ayer junto a quienes ahora recordamos. Un padre o una madre (o ambos), un hijo o una hija, nuestros cónyuges, un hermano o hermana, amigos o amigas queridas, todos y cada uno de los que crearon un lugar en nuestro corazón y allí permanecen eternamente.


Y mientras recordamos de una manera íntima y cuidadosa, cada uno abre su libro del recuerdo personal; pasamos las hojas con las imágenes y las palabras, volvemos a sentir su presencia a nuestro lado y a la vez su ausencia. Y como una extraña paradoja, al tiempo que sentimos nuestro corazón quebrado por su ausencia, nos sentimos más fuertes porque ellos siguen a nuestro lado.


Un viejo sabio declaró: “no existe nada tan entero en todo el mundo como un corazón roto”.


Las cosas enteras de tu vida. Tus alegrías, tus victorias, tus sonrisas, tus sueños hechos realidad. Y las partes rotas, las tristezas, el dolor, las decepciones. Porque los recuerdos y las experiencias acumuladas a lo largo de nuestra vida no se pueden dejar atrás ni pueden ser olvidadas ni desaparecidas. Porque las piezas son parte de quienes somos. Ellas van donde nosotros vamos.


Cuando la vida nos enfrenta al dolor, a la muerte o a otras dificultades, lo que diferencia a quienes pueden seguir adelante y aquellos que no lo logran es tener el equilibrio entre las partes y lo entero de nuestro espíritu.


Es verdad que mientras algunos nos agobiamos tanto con el dolor, hasta el punto de permanecer inmovilizados en el pasado con las partes rotas de nuestra vida, otros se mueven más rápidamente, provocan una amnesia intencional para dejar atrás el dolor.


Lo más sabio es poner las dos tablas de nuestra vida dentro del arca que guardamos en nuestro corazón para así llevarlas en nuestro viaje personal.


El mundo y la vida nos golpean a todos, pero después muchos se fortalecen en las partes lastimadas.


Estamos completos si estamos incompletos. Estamos completos por lo que no tenemos. Sólo así podremos avanzar y transformar el dolor en algo positivo: guardando lo entero junto con las partes rotas. Porque cada una tiene su lugar en el arca del corazón de la vida.


No existe nada tan entero en todo el mundo como un corazón roto, y tarde o temprano, cada uno de nosotros lo comprenderá

No hay comentarios:

Publicar un comentario