PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE

PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE
¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD SINO EN TU PROPIO CORAZÓN?

sábado, 16 de abril de 2011

SABER Y PODER PERDONAR


Hay muchas cosas en un círculo familiar que vale la pena perdonar y olvidar. Ninguna relación es perfecta.


Todas tienen sus heridas y rencores. Siempre debe llegar un tiempo para perdonar y olvidar. Mas no podemos osar olvidar quiénes somos y todo lo bueno que provino de aquellos que nos hicieron ser lo que somos.

En definitiva somos un poco de todos cuantos compartieron nuestra vida, aunque solo fuera un breve momento.

Siempre debemos recordar todo lo bueno que traen consigo nuestros seres queridos, especialmente nuestros padres. A pesar de que no todo lo que hicieron resultó bueno, con frecuencia dejamos que nuestra memoria se vuelva borrosa y nos vuelva ciego a todo lo que fue bueno. Recuerden, nuestros padres entregaron todo desde su corazón y su alma.

Si sentimos que algo hacía falta en nuestra relación con ellos, no hay nada que ellos puedan hacer ahora al respecto. ¡Déjenlos descansar en paz!

Pero hay algo que sí podemos hacer: lo mejor posible para asegurarnos de que nuestros hijos no vayan a sentir que había algo que faltaba en nosotros.

Algún día ellos nos recordarán. ¿Qué es lo que recordarán? ¿Que siempre estuvimos ahí para ellos? ¿O que estábamos demasiado ocupados para estar con ellos? A final de cuentas, el tiempo es la mejor inversión que podemos hacer por nuestros hijos.

Debemos darles tiempo: calidad y cantidad, puesto que esto es lo que creará sus recuerdos de nosotros. Para dejar recuerdos correctos, tenemos que aprender a combatir el tipo de Alzheimer que tantos de nosotros tenemos en nuestro interior al recordar las palabras que nuestros padres solían decirlos: “¡presta atención!” y “¡no se te olvide!”.

Siempre tuve la sensación de que cuando recordamos a nuestros seres queridos las puertas del cielo se abren. Es un momento para el diálogo. Y si nos concentramos, podemos oír a nuestros padres hablarnos y podemos hablar con ellos. ¿Y qué es lo que han de estar diciendo? ¿Te quiero? ¡Seguro! Pero si escucháramos con cuidado quizá podamos percibir palabras que nunca oímos antes, sentimientos que sabíamos estaban ahí, pero nunca fueron expresados con palabras. Sentimientos de amor y devoción que sabíamos que nuestros seres queridos tenían por nosotros.

Quizá también los escuchemos decir: “Lo siento. Intenté hacerlo lo mejor que pude, pero ahora me doy cuenta de que no siempre tuve la razón. Mis intenciones fueron buenas. Por favor, compréndeme”.

Nosotros, también, tenemos la oportunidad de hablar con nuestros padres y seres queridos. Y hay algunas cosas que tal vez queramos decirles: “Lo comprendo. Así que por favor compréndeme a mí. Por todas las promesas que no cumplí porque era demasiado difícil o era demasiado joven, o no tenía suficiente sabiduría o fui demasiado débil.

Por favor, perdóname. Por todas las promesas que tú no cumpliste, yo te perdono. Por concentrarte en todo lo que hacía falta, sin nunca apreciar por completo todo lo que dabas, te agradezco con todo mi corazón. Por las lágrimas que no fueron derramadas, los besos que no fueron dados y la atención que no fue dada porque yo estaba muy ocupado viviendo mi vida, por favor debes saber que siempre serás parte de mi vida”.

Ahora es el momento de decirles, ya sea por primera o por enésima vez, “te amo, te quiero, te extraño, te doy las gracias, siempre te recordaré”. Recuerden, presten atención.


No olviden, simplemente perdonen y mantengan el amor vivo hacia quienes nos quisieron y quisimos estén donde estén, dejándoles un hueco en nuestro corazón donde vivirán, hasta que nos volvamos a ver.

Y sobre todo no estar triste porque se marcharon, sino darles las gracias por el tiempo que pasamos con ellos y pudimos compartir juntos, con el deseo de reencontrarnos muy pronto con ellos.

jueves, 14 de abril de 2011

LA MUERTE ES UNA ESPERIENCIA GOZOSA


Este escrito de Neale Donald Walsch (de “Conversaciones con Dios”) es sumamente importante en estos tiempos en que muchas almas están desencarnando, en millares a veces (como en Japón).

Walsch lo expresa brillantemente al decir que “el Alma de nuestro ser querido que partió se ha hecho una con nosotros, en cuerpo y alma”. Una aclaración al respecto: esto sucede cuando podemos aceptar y liberar al Alma.

Si continuamos sufriendo (en negación, en cólera, en rechazo) o si dejamos de vivir nuestra vida o si nos aferramos a ellos continuamente o los invocamos para que nos “salven”, ese dolor y apego impide esta unión amorosa que Donald expresa. Mi hermano y mi madre partieron con poca diferencia. Jamás sentí que se “fueron”; ni los lloré ni los extraño: están en mí siempre.

La Nueva Historia Cultural: La Muerte es una Experiencia Gozosa La Nueva Historia Cultural que se nos ofrece en Conversaciones con Dios nos dice que la muerte no existe. No, por lo menos, como nosotros la definimos. No es el final de la vida, porque la vida nunca se termina, dice la Nueva Historia, sino que sigue por siempre y para siempre, y aún más para siempre.

Por lo tanto, la fecha en que una persona “muere”, en la Nueva Historia se la conoce como el Día de la Continuación de esa persona. Es más, la Nueva Historia nos dice que el evento que los humanos llamamos muerte es una experiencia extática, marcada por un gran despertar a lo que es Realmente, una alegre reunión con cada ser querido que hayamos conocido (en esta vida o cualquier otra), y una feliz fusión con lo Divino. Por último, las afirmaciones de la Nueva Historia que bien podrían producir el mayor choque cultural son sus anuncios de que la muerte nunca es y nunca puede ser impuesta a nadie, sino que siempre es elegida – y, lo que es aún más sorprendente, la muerte no es definitiva. Todo esto es cierto, dice la Nueva Historia, debido a Quienes Somos.

Cada alma es una individuación de la Divinidad, dice la Historia, y como tales, nada le puede pasar AL Alma, sino que todo pasa A TRAVÉS del Alma. Esto incluye la muerte. Por lo tanto ningún Alma muere nunca de ninguna manera, ni en ningún momento, que no sea de su propia elección. Tampoco le sucede nada a Lo Divino que sea en contra de la Voluntad de lo Divino. Ya que lo Divino es Todopoderoso y Omnipresente en Todas Partes y en Todo, un evento que ocurra en contra de su voluntad es, por definición, funcionalmente imposible.

La muerte es una experiencia sagrada, llena de verdad y de gracia, cuando Lo Que Es se conoce totalmente y no es simplemente imaginado; cuando todo dolor y sufrimiento de cualquier tipo, físico o emocional, se disuelve; cuando el miedo y la incertidumbre y la infelicidad se evaporan; y cuando la suave y gentil conciencia de la presencia eterna de Dios y la dulzura del amor incondicional de Dios se vierte en la Esencia de Nuestro Ser, revelando allí que es, y que siempre ha sido, nuestra Esencia misma.

Reconciliando las Historias: Por qué la Gente Elige Morir Si se va a creer la Nueva Historia Cultural, muchas preguntas deberán ser contestadas. Muchas de ellas tendrán que ver con la Intención del Alma, si es que en efecto está eligiendo marcharse de esta vida física por su propia voluntad. Muchas personas en duelo me dicen: “¿Quieres decir que mi esposa (esposo, madre, padre, hijo, etc.) en realidad eligió dejarme? ¿Qué me estás diciendo? ¿Qué me dice eso acerca de lo felices que eran conmigo?”

Si no tenemos cuidado, sin darnos cuenta vamos a convertir la Nueva Historia en una ocasión para la cólera. De hecho, todos hemos conocido personas que, incluso estando inmersas en la Vieja Historia Cultural, se han enojado con un ser querido por morir.

Las dos Historias se reconcilian cuando comprendemos plenamente y abrazamos la verdad que nos cuentan las dos historias: que quien muere nunca nos deja realmente, sino que siempre está con nosotros. Con nuestro simple pensamiento sobre ellos, su Esencia vuela a nosotros a la velocidad de la luz, revoloteando a nuestro alrededor, y de hecho, impregnando nuestro cuerpo.

Podemos sentirlos con nosotros y dentro de nosotros. Y aunque mucha gente diga que eso no es tan reconfortante como su mano cálida en la nuestra y su cuerpo para abrazar, encontramos un consuelo diferente, mucho mayor que el físico, en la fusión de la Esencia que duplica lo que ocurre entre nosotros y Dios en el momento de nuestra propia muerte.

Puede haber una dicha en esta fusión que iguale la maravilla y la alegría del contacto físico; porque cuando se tocan las Almas, los cuerpos igualmente experimentan el éxtasis. Yo he conocido esto en mi vida cuando he sido tocado por Dios, y en algún momento incluso por pensar en alguien más. Otros lo han conocido también, y han escrito de eso en poemas y canciones. Aun así, si el Alma de nuestro ser querido tan amado estaba tan feliz con nosotros, ¿por qué, realmente, se marchó?

Esa sigue siendo la pregunta apremiante. La respuesta es que no se marchó, sino que elige ahora quedarse con nosotros en una nueva forma, una forma mediante la cual nos puede mostrar más amor, y experimentar más unicidad y felicidad con nosotros, que cualquier otra expresión de vida en lo físico podría haber permitido. Cuando un Alma parte del cuerpo, lo hace porque ha completado su viaje en esta expresión particular de vida.

Ha experimentado lo que vino a experimentar, y ahora está lista para lo que podríamos llamar, en términos terrenales, su recompensa final, su premio mayor, y su mayor experiencia: la oportunidad de amar a sus Amados tan plenamente que, literalmente, se convierte en nosotros en una unión eterna de la Esencia de vida.

El Alma de nuestro ser querido que partió se ha hecho una con nosotros, en cuerpo y alma. Y no hay cielo mayor que ése. Imaginen poder impregnar el cuerpo de su Amado, hacerse Uno a un nivel sub-molecular, incluso mientras las Almas que están en el cielo hacen lo que quieren. Y así será, cuando su ser querido muera, en la Tierra como en el Cielo.

Si creen interesante el tema y les gustaría leer los tres libros de “conversaciones con Dios I, II y III” basta con que nos los pidan por correo y se los enviaremos gratuitamente.

Lo dicho vayan…………………………….CON DIOS.

lunes, 11 de abril de 2011

LA ESPIRITUALIDAD Y EL DECIR ADIÓS A UN SER QUERIDO


Decir adiós

Tus muertos se van por una puerta,

Que tú no puedes trasponer, ¡Ahora!

Porque se cerró tras ellos.

¡No los esperes ahí…! Despídelos,

Para que puedas correr

Y espéralos llegar por otra puerta,

¡Al final De tu duelo!


Si buscas un camino

Para reencontrarte con tus muertos,

No lo busques, llorando, en tu pasado;

Búscalo, más bien, esperanzado,

Andando tú camino, hacia el futuro


Este sí que es un tema difícil de verdad.

Perder a un ser querido puede dar la vuelta a una persona, poner en jaque sus creencias, provocar una crisis tremenda… ; o reafirmar sus convicciones, apoyar sus ideas previas, acentuar sus prácticas.

En este sentido, he visto de todo. Cada duelo, cada persona, cada circunstancia es un universo.

A algunos les consuela creer en la pervivencia del espíritu y en que volverán a encontrar al que se fue. Otros tienen que despedirse para siempre.

Lo que sí puedo contar es que he visto a familiares desesperados buscando al añorado entre prácticas esotéricas extrañas. Angustiados por encontrar una respuesta al porqué más terrible de nuestras vidas: por qué se fueron.

Hay que evitar caer en manos de desaprensivos, iluminados, fanáticos, ilusos…

Bienintencionados o no, pronto se descubre. Pero no hay que dejarse el alma en el camino.

Muchos aseguran que la pérdida fue un revulsivo que les hizo enfrentar la vida de otra manera. Que se han vuelto más espirituales (aunque no sea siempre de las religiones establecidas), más empáticos, más preocupados por sus familias, la gente, la Tierra…

No comparto, sin embargo, la tesis de algunos que aseguran que las muertes se produjeron para que ellos fueran castigados; o cambiaran, crecieran, aprendieran a las malas… Hay un largo repertorio, pero no merece la pena glosarlo.

El consuelo de las creencias de cada uno, los grupos religiosos a los que ya se pertenecía, los sacerdotes o religiosos que conocemos puede ser fundamental. Y dichoso aquel que se sienta arropado por ellos.

A menudo me cuentan lo contrario: que todo son frases hechas “Dios lo quiso así”, “Sólo se lleva a los buenos”, “Dios no da más de lo que uno puede soportar”, “Ya tienes un angelito en el cielo”… pero poca ayuda espiritual efectiva. Hay más de uno que huye de los dolientes, de sus penas, de darles apoyo. Con lo que provoca auténticas crisis de desconsuelo en los que confiaban en su ayuda.

En nuestro caso, notamos que hemos sufrido tantísimo emocionalmente que estamos cansados, pero más abiertos a lo espiritual. Parece como que sólo con la meditación, la oración, la contemplación conseguimos que nuestros espíritus se serenen.

Cada religión tiene sus prácticas y todas deben ser repetidas: cada día, cada semana, determinadas festividades. Comprobamos que hay que practicar con una cierta asiduidad, porque si no lo cotidiano nos arrastra en la vorágine de lo imprescindible, y no deja espacio para “lo esencial que no se ve con los ojos”.

Nos sentimos defraudados por la iglesia católica en la que nos criamos, pero seguimos ejercitando el alma. Tal vez sea un prejuicio educacional. Sin embargo también aporta calidez, serenidad, esperanza y hasta gotitas de alegría a nuestras vidas.

Lo único que sabemos aconsejar es que cada uno busque aquello que le dé paz.

Creemos firmemente que ante cualquier cosa que no satisfaga la intuición y que suene a falso, hay que dar siempre preferencia a la intuición.

Creemos que, en el silencio, en el fondo de cada ser, Algo inmanente, tal vez Dios, se hace escuchar.

Es una colaboración de J.M.G.C.

viernes, 8 de abril de 2011

CONOCIMIENTO, CONCIENCIA Y DUELO


Creo que los primeros pensamientos significativos que cruzaron por la mente del primer ser humano capaz de tener pensamientos profundos fueron: “¿Qué soy?”¿Quién soy?

Hace unos 2500 años, los salmistas lo parafrasearon de este modo: “¿qué es el hombre, qué es ese ser que Tú has creado?”. El ser humano es la única criatura que representa un problema para sí mismo. Abraham Maslow escribió:

“La especie humana es la única especie que encuentra difícil ser una especie”. Para el gato, no parece haber problema en aceptar su condición gatuna. Solamente los humanos tienen una búsqueda de identidad, solamente nosotros somos autoconscientes.

Al tratar de hallar las respuestas a las interrogantes universales, hay quien expone razones fáciles y rápidas. Especialmente resultan de muy poca ayuda las respuestas que nos hacen imaginarnos con menos valía de la que poseemos: “El hombre es un animal noble” (sir Thomas Browne); “Un mero insecto” (Francis Church); “Un animal que razona” (Séneca); “Tan sólo una bestia” (Thomas Percy)… Pero no somos bichos ni bestias.

Algunos pensadores recurren a frases tales como “Pequeñas patatas” (Kipling); “Nacido libre” (Rousseau);”Es un prisionero” (Platón); “Maestro de su destino” (Tennyson); “Ciertamente, completamente loco”(Montaigne). Las citas siguen y siguen. Pero todas ofrecen más resplandor que iluminación. Dicen más acerca de la psiquis de sus autores que de la naturaleza de la humanidad.

Algunos pensadores intentan imprimir su enfoque en cada pieza del bagaje teórico; desean con fervor traducir cada una de nuestras preguntas —y evaluar cada uno de nuestros actos— en función de un sistema particular.


Por lo tanto, Marx nos vio en términos económicos; Freud nos vio en términos de nuestras funciones sexuales; Becket nos dejó colgando sobre el abismo epistemológico, esperando a Godot; la Secretaría de Hacienda nos percibe como números, que cobran vida cada año.

La respuesta de los salmistas es más poética que el resto, pero no es de mucha más utilidad para nuestro entendimiento: “El hombre es un simple infante en el universo… Insignificante ante lo vasto de los mundos… Hecho a la imagen de Dios, pero un poco menos que la divinidad…”

Tales respuestas no hubieran ayudado al depresivo filósofo Arthur Schopenhauer. Caminando una noche por Berlín, su mente sitiada por los acertijos de la existencia, encontró el camino hacia un parque público. Ahí, un policía lo confundió con un vagabundo. El oficial lo señaló con su bastón: “¿quién eres?, ¿qué demonios estás haciendo aquí?”. “Precisamente —respondió Schopenhauer—, ojalá yo lo supiera”.

Ahora bien, existe un enfoque opuesto a toda esta filosofía. Hay muchos que simplemente ignoran las preguntas y se dedican a lo suyo. Para ellos, las preguntas no tienen relevancia alguna. Como en el caso de un pasajero ocasional de un tren que sintió curiosidad al ver a un trabajador de la estación golpeteando las llantas de cada carro con un martillo de metal. Sin conocer el propósito de este acto, el pasajero se acercó al trabajador y le preguntó qué hacía. “No sé. Solamente lo hago porque me pagan”.

¿Cuántas cosas damos por hecho? ¿Cuánto hacemos solamente porque siempre lo hemos hecho?

Sócrates dijo: “No vale la pena vivir la vida que no es examinada”.

Un día vi por casualidad un programa acerca del padre de la antropología estadunidense, Franz Boaz, nacido en Alemania y profesor de la universidad de Columbia por más de 40 años. Era conocido por su estudio de los esquimales y los pueblos indios de Norte y Sudamérica.


El fue responsable, en gran parte,de dos axiomas antropológicos: primero, no hay una persona inherentemente superior a otra (este dardo al corazón del etnocentrismo puso las teorías de Hitler en evidencia). Segundo, todas las culturas se hacen las mismas preguntas (el “porqué” de la vida) y buscan las respuestas a la enfermedad, la muerte y la felicidad.

La cultura es relativa, nos enseñó Boaz. Lo que nos hace diferentes es nuestra manera personal de soportar las realidades de la vida.

Entonces, ¿qué somos? Creo que nunca lo sabremos. En realidad, tal vez solamente Dios lo sepa. Pero si no sabemos por qué estamos aquí, por lo menos debemos estar conscientes de que estamos aquí mientras estemos aquí. Como alguna vez dijo Woody Alien en uno de sus instantes lúcidos:

“El 80 por ciento de la vida es simplemente aparecer”. El significado en la vida se manifiesta con sólo vivirla al despertar cada día, a cada momento, sin importar lo que venga.


El significado viene de buscar bendiciones en cada brisa, en cada acto, en cada nueva experiencia; de encontrar la belleza en cada aspecto de la vida, de la naturaleza del amor y el dolor que, generalmente, nos toma por sorpresa.


El significado viene de aparecer y atravesar. De encontrar el humor en la tristeza y la humildad en el triunfo; de hallar fortaleza en nuestra vulnerabilidad y solaz durante las tormentas.

¿Qué es el hombre y de qué se trata? Insisto, puede ser que jamás lo sepamos. Pero durante la vida hemos sido bendecidos para vivir, disfrutar la brisa y sobrepasar las ráfagas. Somos como cristales en el viento que cuando se encuentran su música y su melodía, de alguna manera, perdura. El valor para afligirse y lamentarse ¿De qué se trata la vida, si nuestro destino es simplemente morir, si la vida es un desperdicio? ¿Acaso la vida de quienes nos precedieron valió la pena, tuvo significado? ¿Es ahora el mundo un lugar mejor gracias a que vivieron o acaso los días de su vida fueron en vano? A

l buscar las respuestas a este misterio entendemos que este es el momento para afirmar algunas de las verdades esenciales del luto, de qué sucede cuando los que amamos mueren.

Lo primero que tenemos que afirmar es que hace falta afligirse. Cuando nuestros seres queridos y amigos mueren, tenemos una necesidad natural de dejarlos ir, de expresar nuestro sentimiento de pérdida.

Hay demasiadas personas que buscan atajos en el proceso del luto o que lo ignoran por completo. Un maestro comentó, “Aunque tenga que caminar por un valle oscuro”, que uno tiene que caminar por el valle, no puede evitarlo ni siquiera tomar una desviación. Pues sí: es necesario caminar por el valle oscuro, no alrededor, no por encima ni por debajo. En otras palabras, existe una necesidad de confrontar a la muerte, de enfrentar nuestra tristeza.

Algunas personas intentan eliminar por completo el proceso de la pena. Con frecuencia tratan de explicarlo diciendo que no quieren molestar a nadie, de causar un inconveniente o ser una carga. Es cierto que es un comportamiento muy considerado de su parte, pero no están satisfaciendo sus necesidades. Están convencidos de que no tienen esa necesidad.

Segundo, tenemos derecho a afligirnos. Con frecuencia, nuestros amigos y parientes bien intencionados nos quitan este derecho. Actúan de buena fe, ni dudarlo, cuando le dicen a quien ha sufrido una pérdida que llorar es un comportamiento infantil. Intentan alejar al enlutado de la situación de pena y hacen las cosas que él debe hacer por sí mismo. Distraen al doliente, hablan de cualquier cosa y de todo, excepto de las cuestiones sobre las que el enlutado necesita hablar y tiene el derecho a hablar.

A las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido se les dice que “sean fuertes”, como si fueran piedras. Los seres humanos tenemos que darnos el permiso de llorar y esa es una de las razones por las que tenemos conductos lacrimales.

Y finalmente, necesitamos reconocer que el afligirse también requiere valor.


El duelo es la última prueba de la vida. Porque el afligirse es un modelo para el crecimiento y para encontrar el sentido en nuestra vida.

Enfrentarse a la pena y pasar por todo el proceso de lo que ella representa significa enfrentarnos a nuestros sentimientos con honestidad, expresarlos y aceptarlos durante todo el tiempo que le tome a la herida sanar. Para la mayoría de nosotros, esto es algo bastante difícil. Por eso, afligirse requiere valor.

Hace falta tenerlo para sentir nuestro dolor y enfrentarnos a lo desconocido. También hace falta tener valor para afligirse en una sociedad que, erradamente, valora la reserva y donde nos arriesgamos a enfrentar el rechazo de los demás por ser abiertos o diferentes.

Tener valor para afligirse conduce a tener valor para vivir, amar, arriesgarse y disfrutar los frutos de la vida sin temor o inhibiciones. Tener valor para enfrentarse a la pena, la frustración, las dificultades, invariablemente genera una vida de más recompensas.

Tener valor para confrontar la muerte con honestidad, significa que examinamos nuestra vida, valores, ideas, y lo que tiene significado para nosotros, con lo que eventualmente creamos una existencia satisfactoria y con un propósito.

Al aceptar a la muerte como un proceso natural de la vida, podemos vivir nuestra vida con más gusto y profundidad. Ahora, ¿qué es lo que tenemos para ayudarnos a desarrollar ese valor? No es algo que se encuentre en un catálogo y nos puedan entregar por mensajería; tampoco lo hallaremos en un aparador o lo conseguiremos por debajo de la mesa. Pero es accesible a todos nosotros.

Un profesional en apoyo emocional sugiere tres fuentes de ayuda. Lo único que hace falta es usarlas. Son el apoyo a uno mismo, el apoyo del ambiente y el apoyo de nuestro sistema de creencias o nuestra filosofía.

El primero, el apoyo a uno mismo, es importante. No podemos tener valor para afligirnos o para encarar a ninguna crisis hasta que nos enfrentemos a nosotros mismos, Y esto significa honrar a nuestros sentimientos y necesidades. Aunque de ninguna manera desprecio el hacer cosas por los demás, hay legitimidad en hacer cosas para uno mismo.

Otra cosa que debemos estar dispuestos a aprovechar es el apoyo que hay en nuestro ambiente. Podemos obtener mucho de otras personas. Nuestros amigos, parientes, vecinos, colegas, médicos de familia, sicoterapeutas, clero, abogados, consejeros financieros, personas de negocios, todos pueden ayudarnos.

Además existen otros apoyos: cursos, cambio de profesión, trabajo voluntario, clubes, mascotas, viajes, arte, música, danza, grupos de duelo, deportes, meditación. No son un escape. Son ayudas que tenemos a nuestro alcance.

El tercero es nuestro sistema de creencias. Nuestra filosofía de vida afecta mucho la forma en que nos enfrentamos al dolor y a los problemas. El significado que le damos a la vida, al sufrimiento y a la muerte es fundamental. Vivir una vida con significado, cualquiera que sea, es más fácil que vivir sin nada.

Vive, ama, arriesga y disfruta de los frutos de la vida sin temor ni inhibiciones. Permitamos que la vida sea, para ti y para mí, un tiempo así, un tiempo para que adquiramos el valor de afligirnos.

En nuestra sociedad, con demasiada frecuencia, se nos enseña que la muerte es un tema que debe evitarse, ignorarse, incluso negarse. Sin importar cuál sea tu origen cultural o étnico, cada vez que permites que tus emociones salgan a la superficie, te sorprenderá notar el poco apoyo que recibirás para realmente desahogar tu pena o expresar tu dolor.

No obstante, debes permitirte lamentarte. Posponer la confrontación de tus sentimientos al llenar cada día con actividades sólo aumentará la reacción de la pena. Recuerda que cuando uno sufre una gran pérdida, expresar los sentimientos es una muestra de fuerza, no de debilidad.

No hay una forma correcta para experimentar la pérdida y ajustarse a una vida sin el que ha partido. Perder a la pareja, a un hijo, madre o padre, amiga o amigo, hermana o hermano, es perder una parte de ti. Por lo tanto es natural lamentarse por esta pérdida. Quizá sufras emociones de una intensidad inimaginable. Pero aunque estés en agonía, por más terrible que todo parezca ser, tu pena es sana y correcta. Y debes darte permiso para lamentarte.

martes, 5 de abril de 2011

DESPEDIDA A UN SER QUERIDO


Para despedir a un ser querido. No te sientas obligado a sentir todo esto en los comienzos de tu duelo. Prueba si puedes decirlo y sentirlo.

Cuando todo pasa, pasa tan rápido que siempre se nos quedan muchos llantos por reír y muchas risas por llorar.

Lo que parece imposible hoy lo verás alcanzado mañana.

Respeta tu tiempo y tu ritmo. Solo tú lo conoces. Te amé y te amo, Por eso tu partida Me hace sentir tu ausencia Sentimientos de sentir tú esencia Hacen el adiós a la “vida” Recuerdo de dolor y pena. Acepto tu derecho a partir, En silencio sin querérmelo decir A tu hora y sin mi consentimiento. Yo a solas con mi sentimiento Sigo sintiendo tu presencia Acepto mi dolor al extrañarte Y este enojo inexplicable, Porque al partir me abandonaste. Sé que no fui perfecto contigo, Pero fui mi vida, Lo mejor que me fue posible, Ahora a solas con mi herida Me queda el deseo de soñarte

Por eso quiero despedirte Sin quedarme con culpas por el pasado. Sé que no fuiste perfecta, Pero no te culpo por nada; Hiciste como yo mi vida, Las cosas lo mejor que supiste, Mi niña cuanto amor me diste

Y no quiero vivir reprochándote Errores que ya no tienes Culpas que ya no sientes. Te extraño, Y me parece imposible Poder vivir sin tu presencia. Porque te amé, tanto Que llegué a negarte, cuando te marchaste; Y ahora quiero aprender a amarte Sin necesitar tenerte a mi lado; Quiero que mi amor no muera Sino que madure y crezca. Que te quiero cada día más Aunque no lo parezca Y aunque sienta que te necesito, No abra ausencia de ti Sino tú recuerdo vivo en mí Porque mi vida tiene su autonomía Y su propia consistencia, Sentir tu recuerdo mi armonía Sentirte cerca de mí Eso mi niña es mi energía

Tan claramente como sé que viví Antes de conocerte Que podré vivir AHORA que no te tengo. Si decidiste partir Aquí estoy para despedirte. Nada ganaría con negarme A creer que no te fuiste. Me siento con ánimo y fuerte ¡Y obligación! de seguir mi vida.

No quiero morir contigo, Entre tú y yo no existe la muerte Porque tú no ganarías nada, Y no te mostraría con eso El amor que te he tenido y tengo Sino que además te haría daño Sentir que vivo en ese engaño

Hoy te lloro triste y apenado, Angustiado y deprimido, Pregunto a mi alma de enamorado Sin entender aun mi amor ¿Por qué te he perdido? ¡Y me lo permito así, Porque así lo siento!, Ese, ese es mi sentimiento

Pero, y aunque me cuesta decírtelo, Sé que mañana, muy pronto, Volveré a vivir el gozo de la vida, Con la llama prendida de tu amor En chispa de energía viva Llevando conmigo tú recuerdo Y también tu compañía…

Mientras te digo todo esto, Me parece imposible que te hayas ido Y busco inútilmente explicaciones. Mejor, acepto la realidad, Simplemente sabiendo Que nuestra felicidad Seguirá existiendo Y que de nuevo el destino Juntara nuestros caminos. Ese es tu sino y el mío Juntar y separar nuestros destinos Prueba de amor sublime De nuestras almas de niños.

lunes, 4 de abril de 2011

EL ÚLTIMO VIAJE (DOCUMENTAL)


No hay que temer a la muerte.

“Si no crees que hay vida tras la muerte, te llevarás una sorpresa. Es más magnífico y bello de lo que podríamos soñar jamás”

“A alguien que se estuviera muriendo le diría: “vas a pasar por un proceso maravilloso de reidentificación”

“Debemos recordar quiénes somos (…) Somos seres espirituales poderosos. Tenemos dignidad y tenemos un objetivo”

“La muerte se convierte en un viaje a la Tierra Natal donde todo empieza en vez de ser el fin“

¿Por qué ese miedo interior a Morir y a la Muerte?

Como es una palabra que nos da miedo, empleamos un montón de sinónimos, con la pretensión de “suavizarla”, sino observen:

Expiración, Fallecimiento, Defunción, Óbito, Deceso, Desenlace final, Descanso eterno, Partida, transito, Último viaje……….

Pero se le llame como se le llame lo único cierto es que es incomprensible, que al ser la única certeza que tenemos cuando nacemos, es decir que vamos a morir, sea la muerta esa gran desconocida y como ya sabemos que el miedo es desconocimiento, ese es el motivo principal de nuestro miedo a la muerte y como no a morir.

Por eso debiéramos acercarnos a conocer la MUERTE y sus procesos para al menos cuando nos llegue el momento de estar con ella, podamos saber en todo momento que debemos hacer y cómo debemos comportarnos. El último viaje es un documental que nos muestra qué es la muerte, qué hay más allá y que ocurre cuando dejamos este mundo.

A través de testimonios de personas que han vivido una muerte clínica pero que pueden contarlo, de personas con experiencias “sobrenaturales” (o mejor dicho, fuera de las conceptos limitados del actual paradigma y concepción de la realidad) y de expertos como Brian Weiss, Neale Donald Walsch, Gregg Braden, Alberto Villoldo o Stanislav Grof, entre otros, aprendemos que morir no es el fin de nada sino el principio, la continuación de una aventura fascinante y el descubrimiento de quiénes somos realmente y de qué va esto.

El último viaje habla sobre los siguientes temas:

• cómo es el proceso de desencarnación

• la secuencia de nuestra vida y cómo recordamos todos los momentos entendiendo la trascendencia de cada uno de ellos

• las sensaciones de paz, amor y bienestar absolutos

• el encuentro con seres de luz

• en qué consiste el otro lado

• el sentido de las encarnaciones

• la existencia del concepto de reencarnaciones en todas las religiones, cristianismo incluido

• volver a la Tierra como a una escuela en la que aprender determinadas lecciones

• la Inteligencia y Amor infinito en el universo

Es decir, además de hablar de la muerte, El último viaje explica el significado de la vida, y entendiendo todo este ciclo, puede desaparecer el temor y la ansiedad a ese momento.

El primer psiquiatra que se atrevió a hablar públicamente de un hecho tabú hasta la fecha fue Raymond Moody en los 70 y su documental “Vida después de la vida” marcó un punto de inflexión en el estudio científico del tema, y posteriormente la doctora Elisabeth Kübler-Ross consiguió cambiar los protocolos médicos de acompañamiento a enfermos terminales y su libros ayudaron a miles de personas a entender mejor el tránsito final.

En los noventa destacan los descubrimientos del cardiólogo Pim Van Lommel y muchos otros profesionales y científicos que investigan la supervivencia de la conciencia cuando el cerebro deja de funcionar.

El último viaje es el trabajo más moderno sobre estos temas, reúne a los expertos más relevantes en espiritualidad y nuevo paradigma, es muy ameno de ver y su contenido es esclarecedor, profundo y transformador.

Ojala que en estos tiempos de comienzos del siglo XXI seamos conscientes de la importancia de “SABER MORIR” y a nuestros mayores, cuando están en esa última etapa de la vida en la ancianidad, además de todos esos talleres que se les da para su ocio y entretenimiento.

Podamos darles también talleres donde se les enseñe que la muerte no es más que otra parte más de la vida y se les enseñe a entender los procesos por los que van a tener que pasar y a los pasos que van a tener que dar hasta llegar al mundo espiritual, que como todos ustedes saben es de dónde venimos es nuestra “CASA” y es donde volvemos.

viernes, 1 de abril de 2011

LA CUNA VACÍA


EL DOLOROSO PROCESO DE PERDER UN EMBARAZO “Nuestro entorno no ha elaborado ningún ritual para las pérdidas espontáneas en el embarazo.


El aborto es un tema incómodo, cuya causa muchas veces se desconoce. Hace falta que encaremos esta sombra y que sea un proceso respetado.


En casi todas las clínicas y hospitales, la familia que ha pasado por un aborto tiene que compartir habitaciones y espacios con nacimientos felices; es como si compartieras una sala de fiestas con un tanatorio, por razones de economía o falta de espacio” Tardamos muchos años en tener cierta estabilidad emocional y laboral.


Más allá de la treintena empiezas a plantearte el tema de la maternidad. Cada vez cuesta más concebir un hijo, de hecho el 20% de las parejas españolas sufren problemas de fertilidad, y un día te dan la deseada noticia de que hay un hijo en camino al que le vas a dar la oportunidad de nacer.

Vives cada día del embarazo con gran intensidad y emoción, relacionándote con ese hijo al que amas y tienes presente desde el principio y para el que tienes preparado algo más que una cuna y una habitación propia. Tiene ya un gran espacio en tu vida.

Pero de repente, sin previo aviso y sin poder hacer nada, la cuna se queda vacía.

El aborto espontáneo durante el embarazo o muerte perinatal es uno de los momentos más dolorosos al que nos enfrentamos las mujeres y nuestras parejas.

Y a pesar de ser algo tan común (uno de cada tres embarazos acaba en pérdida) es un tema silenciado, escurridizo, muy poco comprendido y respetado y que médicamente se trata desde la frialdad y lo fisiológico, olvidando el aspecto emocional y espiritual. Por no tener, no tiene ni un nombre a nivel coloquial diferente a la interrupción voluntaria del embarazo.

Pero SI existe y es parte de la sexualidad humana. La pérdida gestacional está tan dentro del ciclo psico-emocional-sexual de la mujer como el embarazo, el parto, la lactancia… y nuestra sociedad, aunque vive a espaldas de la muerte, debe entenderlo, aceptarlo e integrarlo con respeto.

Por eso es tan importante la publicación de un libro como este: “LA CUNA VACÍA: el doloroso proceso de perder un embarazo“ de La esfera de los libros porque responde a una necesidad social y puede aportar mucha luz a tantas parejas que pasan por este duelo invisible.

“La cuna vacía” habla de la correcta información, el buen acompañamiento y el apoyo del entorno, la intervención psicológica, la despedida y los rituales de la pérdida, los estudios médicos posteriores, del tiempo de volver a buscar un hijo, de las dificultades de la concepción, de cómo afrontar un nuevo embarazo y de vivirlo con el miedo a otra pérdida…

Aspectos que no deben ser tratados como tabúes, porque en tal caso sólo contribuyen a añadir un dolor innecesario a un dolor de por sí inevitable.

El libro se aborda desde una perspectiva del siglo XXI, científica, sociológica y cultural y cuenta con cuatro autores de prestigio y expertos en el tema. • Rosa Jové, la famosa autora de “Dormir sin lágrimas” y “Crianza feliz” que también es especialista en emergencias y acompañamiento en el proceso de duelo • Emilio Santos Leal es médico psiquiatra y ginecólogo y un referente en el campo del parto natural y fisiológico y de la atención integral a la familia. Esta es su web • M. Àngels Claramunt es escritora y doula y junto a Mónica Álvarez*, psicóloga especializada en terapia de pareja y familia, crearon en el 2005 el Foro Superando un aborto como respuesta a una necesidad personal de información seria y apoyo emocional que ellas no tuvieron cuando lo necesitaron. Este foro se ha convertido en un importante punto de encuentro con más de 10.000 visitas.

Además, “La cuna vacía” recoge también los testimonios de decenas de mujeres que comparten sus vivencias y abren su corazón y su alma para ayudar a toda una sociedad a sanar y a vivir con más conciencia estos procesos.

Ojalá muchas parejas encuentren respuestas y consuelo en sus páginas.

Sitio oficial: La esfera de los libros