PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE

PARA EL ESTUDIO, COMPRENSIÓN Y DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL Y LOS PROCESOS DE LA MUERTE
¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD SINO EN TU PROPIO CORAZÓN?

miércoles, 18 de enero de 2012

VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE.

ESTUVE EN LA RÁBIDA HASTA 1973 AYUDANDO A NIÑOS MORIBUNDOS A HACER LA TRANSICIÓN ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE. AL MISMO TIEMPO ASUMÍ LA RESPONSABILIDAD DE DIRIGIR EL CENTRO DE SERVICIO FAMILIAR, UNA CLÍNICA DE SALUD MENTAL. CREÍA QUE LO PEOR QUE PODRÍAN DECIR DE MÍ ERA QUE INTENTABA HACER DEMASIADO.

PERO ME QUEDÉ CORTA. UN DÍA EL ADMINISTRADOR JEFE DE LA CLÍNICA ME VIO TRATAR A UNA MUJER POBRE Y DESPUÉS ME REGAÑÓ POR ATENDER A PACIENTES QUE NO PODÍAN PAGAR. ESO ERA COMO DECIRME QUE NO RESPIRARA.

PERO YO NO ESTABA DISPUESTA A ABANDONAR ESA PRÁCTICA. CUANDO A UNA LA CONTRATAN, CONTRATAN TAMBIÉN LO QUE UNA REPRESENTA.

Durante los dos días siguientes discutimos el asunto. Yo alegaba que los médicos tenían la obligación de tratar a los pacientes necesitados al margen de si podían pagar o no, y él decía que su propio deber consistía en llevar un negocio. Finalmente, para llegar a un acuerdo me propuso que atendiera los casos de personas indigentes en mis ratos libres, por ejemplo durante la hora que tenía para comer a mediodía, pero a fin de que él pudiera controlar mi horario, me pidió que fichara.

-NO, GRACIAS. ME MARCHÉ. Y ASÍ, A MIS CUARENTA Y SEIS AÑOS, DE PRONTO DISPUSE DE TIEMPO PARA REALIZAR PROYECTOS NUEVOS E INTERESANTES, COMO MI PRIMER SEMINARIO-TALLER "VIDA, MUERTE Y TRANSICIÓN", QUE FUE UNA SEMANA INTENSIVA DE CHARLAS, ENTREVISTAS A MORIBUNDOS, SESIONES DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS Y EJERCICIOS INDIVIDUALES DESTINADOS A AYUDAR A LAS PERSONAS DEL GRUPO A SUPERAR LAS PENAS Y LA RABIA ACUMULADAS EN SUS VIDAS, LO QUE YO LLAMABA SUS ASUNTOS PENDIENTES.

Estos podían consistir en la muerte de un progenitor por el que nunca hicieron duelo, en abusos sexuales jamás reconocidos o en otros traumas. Pero una vez expresados esos traumas en un ambiente en el que se sentían seguras, esas personas comenzaban el proceso de curación y lograban llevar el tipo de vida sincera y receptiva que les permitía una buena muerte.
Muy pronto me hicieron ofertas para realizar esos seminarios-talleres por todo el mundo.

Cada semana me llegaban a casa alrededor de mil cartas y el número de llamadas telefónicas era más o menos el mismo. Mi familia acusaba el creciente peso de las exigencias que nos imponía mi popularidad, pero me apoyaban. Mi investigación de la vida después de la muerte adquirió un impulso imparable. Durante los primeros años de la década de los setenta, entre Mwali-mu y yo entrevistamos a unas 20.000 personas que daban ese perfil, de edades comprendidas entre los 2 y los 99 años, de culturas tan diversas como la esquimal, la de los indios norteamericanos, la protestante y la musulmana. En todos los casos las experiencias referidas eran tan similares que los relatos tenían que ser ciertos.

Hasta entonces yo nunca había creído que existiera una vida después de la muerte, pero todos esos casos me convencieron de que no eran coincidencias ni alucinaciones. Una mujer, a la que declararon muerta después de un accidente de coche, dijo que había vuelto después de haber visto a su marido. Más tarde los médicos le dirían que su marido había muerto en otro accidente de coche al otro lado de la ciudad. Un hombre de algo más de treinta años se suicidó después de perder a su mujer e hijos en un accidente de coche. Pero cuando estaba muerto, vio que su familia estaba bien y regresó a la vida.

LOS SUJETOS NO SÓLO NOS DECÍAN QUE ESAS EXPERIENCIAS DE MUERTE NO ERAN DOLOROSAS SINO QUE EXPLICABAN QUE NO QUERÍAN VOLVER. Después de ser recibidos por sus seres queridos o por guías, viajaban a un lugar donde había tanto amor y consuelo que no deseaban volver; allí tenían que convencerlos de que regresaran. "No es el momento" era algo que oían prácticamente todos. Recuerdo a un niño que hizo un dibujo para poder explicar a su madre lo agradable que había sido su experiencia de la muerte.

Primero dibujó un castillo de vivos colores y explicó: "Aquí es donde vive Dios." Después dibujó una estrella brillante: "Cuando miré la estrella, me dijo “Bienvenido a casa”."
ESOS EXTRAORDINARIOS HALLAZGOS CONDUJERON A LA CONCLUSIÓN CIENTÍFICA AÚN MÁS EXTRAORDINARIA DE QUE LA MUERTE NO EXISTE EN EL SENTIDO DE SU DEFINICIÓN TRADICIONAL.

Pensé que cualquier definición nueva debía trascender la muerte del cuerpo físico; debía tomar en cuenta las pruebas que teníamos de que el hombre posee también alma y espíritu, un motivo superior para vivir, una poesía, algo más que la mera existencia y supervivencia física, algo que continúa.

Los moribundos pasaban por las cinco fases, pero "una vez que hemos hecho todo el trabajo que nos ha sido encomendado al enviarnos a la Tierra, se nos permite desprendernos del cuerpo, que nos aprisiona el alma como el capullo envuelve a la mariposa, y..." bueno, entonces la persona tiene la más maravillosa experiencia de su vida. Sea cual fuere la causa de la muerte, un accidente de coche o un cáncer (aunque una persona que muere en un accidente de avión o en un incidente similar, repentino e inesperado, podría no saber inmediatamente que ha muerto), en la muerte no hay dolor, miedo, ansiedad ni pena.
Sólo se siente el agrado y la serenidad de una transformación en mariposa.

SEGÚN LOS RELATOS DE LAS PERSONAS ENTREVISTADAS QUE COMPILÉ,
LA MUERTE OCURRE EN VARIAS FASES DISTINTAS.

PRIMERA FASE: En la primera fase las personas salían flotando de sus cuerpos. Ya fuera que hubieran muerto en la mesa del quirófano, en accidente de coche o por suicidio, todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo, y adoptaba una forma etérea; sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, contaba el número de médicos que estaban intentando reanimarla, o veía los esfuerzos del equipo de rescate para sacarla de entre las partes comprimidas del coche. Un hombre dijo el número de matrícula del vehículo que chocó contra el suyo y después huyó. Otros contaban lo que habían dicho los familiares que estaban reunidos alrededor de sus camas en el momento de la muerte.
En esta primera fase experimentaban también la salud total; por ejemplo, una persona que estaba ciega volvía a ver, una persona paralítica podía moverse alegremente sin dificultad. Una mujer contó que había disfrutado tanto bailando junto al techo de la habitación del hospital que se deprimió cuando tuvo que volver. En realidad, de lo único de que se quejaban las personas con quienes hablé era de no haber continuado muertas.

SEGUNDA FASE: Las personas que ya habían salido de sus cuerpos decían haberse encontrado en un estado después de la muerte que sólo se puede definir como espíritu y energía. Las consolaba descubrir que ningún ser humano muere solo. Fuera cual fuese el lugar o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. Algunas, al pensar en lo apenados que se iban a sentir sus familiares por su muerte, en un instante se desplazaban al lugar donde estaban éstos, aunque fuera al otro lado del mundo. Otros recordaban que mientras los llevaban en ambulancia habían visitado a amigos en sus lugares de trabajo.
Me pareció que esta fase es la más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo cuando éste ha tenido una muerte trágica y repentina. Cuando una persona se va marchitando poco a poco durante un período largo de tiempo, enferma de cáncer, por ejemplo, todos, tanto el enfermo como sus familiares, tienen tiempo para prepararse para su muerte. Cuando la persona muere en un accidente de avión no es tan fácil. La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido. Por ejemplo, estoy segura de que aquellos que murieron en el vuelo 800 de la TWA estuvieron junto a sus familiares en el servicio fúnebre que se celebró en la playa.
Todas las personas entrevistadas recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llamaban los niños. Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que las consolaban con amor y las llevaban a la presencia de familiares o amigos muertos anteriormente. Lo recordaban como momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos.

TERCERA FASE: Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes, por ejemplo un puente, un paso de montaña, un hermoso riachuelo, en fin, lo que a ellas les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica. Al final veían una luz brillante.
Cuando su guía las acercaba más a la luz, veían que ésta irradiaba un intenso y agradable calor, energía y espíritu, de una fuerza arrolladora. Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa. La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo. Algunos la llamaban Dios, otros decían que era Cristo o Buda. Pero todos estaban de acuerdo en una cosa: se hallaban envueltos por un amor arrolla-dor, la forma más pura de amor, el amor incondicional. Después de escuchar a millares y millares de personas explicar este mismo viaje, comprendí por qué ninguna quería volver a su cuerpo físico.
Pero estas personas que volvieron decían que esa experiencia había influido profundamente en sus vidas. Algunas habían recibido un gran conocimiento, algunas habían vuelto con advertencias proféticas, otras con nuevas percepciones. Pero todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésa es el amor.

CUARTA FASE: Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema. Algunos la llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso. Aquellos que se materializaban en esta fase ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentaban la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.
En ese estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos; veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía. Se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena.
Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.

EL MAYOR REGALO QUE HIZO DIOS AL HOMBRE ES EL LIBRE ALBEDRÍO. PERO ESTA LIBERTAD EXIGE RESPONSABILIDAD, LA RESPONSABILIDAD DE ELEGIR LO CORRECTO, LO MEJOR, LO MÁS CONSIDERADO Y RESPETUOSO, DE TOMAR DECISIONES QUE BENEFICIEN AL MUNDO, QUE MEJOREN LA HUMANIDAD.
En esta fase se les preguntaba a las personas: "¿Qué servicio has prestado?" Ésa era la pregunta más difícil de contestar; les exigía repasar las elecciones y decisiones que habían tomado en la vida para ver si habían sido las mejores. Ahí descubrían si habían aprendido o no las lecciones que debían aprender, de las cuales la principal y definitiva es el amor incondicional.

LA CONCLUSIÓN BÁSICA QUE SAQUÉ DE TODO ESTO, Y QUE NO HA CAMBIADO, ES QUE TODOS LOS SERES HUMANOS, AL MARGEN DE NUESTRA NACIONALIDAD, RIQUEZA O POBREZA, TENEMOS NECESIDADES, DESEOS Y PREOCUPACIONES SIMILARES.
EN REALIDAD, NUNCA HE CONOCIDO A NADIE CUYA MAYOR NECESIDAD NO SEA EL AMOR.

EL VERDADERO AMOR INCONDICIONAL. ÉSTE SE PUEDE ENCONTRAR EN EL MATRIMONIO O EN UN SIMPLE ACTO DE AMABILIDAD HACIA ALGUIEN QUE NECESITA AYUDA. NO HAY FORMA DE CONFUNDIR EL AMOR, SE SIENTE EN EL CORAZÓN; ES LA FIBRA COMÚN DE LA VIDA, LA LLAMA QUE NOS CALIENTA EL ALMA, QUE DA ENERGÍA A NUESTRO ESPÍRITU Y DA PASIÓN A NUESTRA VIDA. ES NUESTRA CONEXIÓN CON DIOS Y CON LOS DEMÁS.

TODA PERSONA PASA POR DIFICULTADES EN SU VIDA. ALGUNAS SON GRANDES Y OTRAS NO PARECEN TAN IMPORTANTES. PERO SON LAS LECCIONES QUE HEMOS DE APRENDER. ESO LO HACEMOS ELIGIENDO. YO DIGO QUE PARA LLEVAR UNA BUENA VIDA Y ASÍ TENER UNA BUENA MUERTE, HEMOS DE TOMAR NUESTRAS DECISIONES TENIENDO POR OBJETIVO EL AMOR INCONDICIONAL Y PREGUNTÁNDONOS: "¿QUÉ SERVICIO VOY A PRESTAR CON ESTO?"

DIOS NOS HA DADO LA LIBERTAD DE ELEGIR; LA LIBERTAD DE DESARROLLARNOS, CRECER Y AMAR.

LA VIDA ES UNA RESPONSABILIDAD. YO TUVE QUE DECIDIR SI ORIENTABA O NO A UNA MUJER MORIBUNDA QUE NO PODÍA PAGAR ESE SERVICIO. TOMÉ LA DECISIÓN BASÁNDOME EN QUE LO QUE SENTÍA EN MI CORAZÓN ERA LO CORRECTO, AUNQUE ME COSTARA EL PUESTO. ESA OPCIÓN ERA LA BUENA PARA MÍ. HABRÍA OTRAS OPCIONES, LA VIDA ESTÁ LLENA DE ELLAS.

EN DEFINITIVA, CADA PERSONA ELIGE SI SALE DE LA DIFICULTAD APLASTADA O PERFECCIONADA.

EXTRACTO DEL LIBRO “LA RUEDA DE LA VIDA” CONSIDERADO LA AUTO – BIOGRAFIA DE:

ELÍSABETH KÜBLER-ROSS

martes, 17 de enero de 2012

EL FINAL DEL DUELO

ESTA ES UNA COLABORACIÓN DE UNA LECTORA DEL BLOG, EL COMPARTIR NUESTRAS EXPERIENCIAS CON EL FIN DE QUE PUEDAN SER ÚTILES A QUIENES PASAN POR SIMILARES PROCESOS, HACE QUE TODO TENGA UN SENTIDO NUEVO Y NOS AYUDA A SENTIRNOS MEJOR.

OCHOS SON LOS AÑOS YA QUE HAN PASADO DESDE EL ASESINATO DE NUESTRO HIJO. LA MAYORÍA DE LA GENTE QUE NOS RODEA EVITÓ CITAR SIQUIERA EL TEMA CUANDO ESTÁBAMOS EN PLENO DUELO, ASÍ QUE AHORA SE NOS SUPONE UNA RECUPERACIÓN COMPLETA.

La sociedad no nos permite blanduras. Mucho menos aún el mundo laboral.

Han sido unos años difíciles, porque nuestro caso, como el de las otras 190 víctimas del atentado múltiple del 11 de marzo de 2004, ha estado en los medios mucho tiempo, de forma recurrente, como arma arrojadiza, con una teoría conspiranoide de por medio, trolls y facciones políticas enfrentadas al estilo hooligan más desagradable.

Pero, insisto, el tiempo no perdona. SÓLO LOS QUE HAN PASADO POR ALGO PARECIDO SON CAPACES DE PREGUNTAR CÓMO ESTAMOS. Los demás presuponen que todo ha de ir bien, que la muerte traumática de un hijo, de un joven de 20 años con toda la vida por delante, se supera en pocos meses, como se sale adelante de una enfermedad. Grave, sí, están dispuestos a aceptar que una es de las fuertes. Pero poco más.

Nosotros, los tres, hemos ido recuperando poco a poco cotas de “normalidad“. Nos hemos “acostumbrado” a su ausencia y a vivir sin su compañía. Le seguimos echando muchísimo de menos, nos habría gustado compartir con él todo el tiempo que merecía haber tenido, pero asumimos que nunca va a volver.

Ya no lloramos de continuo, ni sufrimos vaivenes emocionales, ni ataques de pena, de rabia, de miedo… Parece, pues, que la fase crítica de duelo ha terminado.

SE PUEDE. QUEREMOS QUE TODOS LOS QUE SIENTEN QUE NO HAY SALIDA LO SEPAN: ES POSIBLE, ES DESEABLE ACABAR LOS MESES DE DOLOR TERRIBLE, DE ACOSTUMBRAMIENTO A LA NUEVA SITUACIÓN, DE BÚSQUEDA DE RAZONES PARA SEGUIR VIVIENDO.

SE SALE CUANDO NOS CONVERTIMOS EN UN NUEVO MODELO DE NOSOTROS MISMOS. LO IMPOSIBLE ES VOLVER A SER LOS DE ANTES, ESO QUE ALGUNOS AMIGOS TARAMBANAS NO NOS PERDONAN.

EL TRABAJO DE MESES DE DOLOR Y CAMBIOS ESCULPE UN NUEVO MODELO. Y NECESITAMOS TAMBIÉN UNA FASE DE TRABAJOS PARA ADMITIR QUE SOMOS DIFERENTES.

REIVINDICAMOS, SIN EMBARGO, EL DERECHO A PONERNOS MELANCÓLICOS ALGUNA VEZ, A CITAR EL NOMBRE DE NUESTRO HIJO SIN QUE APAREZCAN CARAS DE CIRCUNSTANCIAS, A NO SUMARNOS A LAS CELEBRACIONES CON LA INCONSCIENCIA DE OTROS TIEMPOS, A ENTENDER LA VIDA DE OTRA MANERA, A SENTIRNOS MÁS REALISTAS, A GUARDAR SILENCIO, A NO SER SOMETIDOS A INTERROGATORIOS INNECESARIOS.

lunes, 16 de enero de 2012

LAS CINCO COSAS DE LAS QUE NOS ARREPENTIMOS ANTES DE MORIR

LA MAYOR PARTE DE LA GENTE QUE SE ENFRENTA A UNA MUERTE INMINENTE LAMENTA NO HABER VIVIDO FIEL A SUS SENTIMIENTOS

Muchas personas que han estado a punto de morir, ya sea por un accidente o por una grave enfermedad, suelen cambiar radicalmente su forma de vida una vez restablecidas.

Aseguran que superar una situación cercana a la muerte equivale a nacer de nuevo y que no merece la pena vivir una vida que no les satisface.

Lejos de parecer un tópico, a la hora de hacer balance, una gran parte de la población mundial no está satisfecha con la vida que ha desarrollado. Los motivos de esta insatisfacción, además, suelen ser casi siempre los mismos.

En un artículo escrito por Bonnie Ware, una mujer que durante muchos años ha trabajado en una unidad de cuidados paliativos, atendiendo a enfermos terminales. Su trabajo, titulado “Regrets of the dying“, algo así como “Los lamentos de los moribundos”, recoge los cinco motivos más comunes de arrepentimiento de aquellos que están a punto de morir y que se ha encontrado a lo largo de su vida:

1.-”DESEARÍA HABER TENIDO EL CORAJE DE VIVIR UNA VIDA FIEL A MÍ MISMO, NO LA VIDA QUE OTROS ESPERABAN DE MÍ“: Se trata del lamento más habitual de todo, ya que al hacer balance de su vida muchas personas descubren que no han llegado a cumplir una mínima parte de sus sueños. En muchas ocasiones, esto se debe a que optaron por hacer lo que creían que debían hacer, en lugar de lo que realmente querían.

2.-”DESEARÍA NO HABER TRABAJADO TAN DURO“: Es el lamento más frecuente entre los pacientes de sexo masculino, que desearían haber pasado más tiempo junto a su familia viendo crecer a sus hijos, en lugar de en su puesto de trabajo.

3.-”DESEARÍA HABER TENIDO EL CORAJE PARA EXPRESAR MIS SENTIMIENTOS“: Aquellos que reprimieron sus sentimientos para no enfrentarse a quienes los rodeaban se lamentan de haberse conformado con vivir una existencia mediocre y amargada, en la que no eran ellos mismos.

4.-”DESEARÍA HABERME MANTENIDO EN CONTACTO CON MIS AMIGOS“: Al igual que muchas personas se arrepienten de haber descuidado a sus familias, es muy frecuente lamentar no haber cuidado lo suficiente de aquellas amistades verdaderamente importantes. Lamentablemente, cuando se está muy cerca de la muerte es imposible recuperar el tiempo perdido.

5.-”DESEARÍA HABERME PERMITIDO SER MÁS FELIZ“: Se trata de un reproche sorprendentemente común que se hacen aquellas personas que prefirieron engañarse a sí mismos y continuar con unas existencias en las que ya no eran felices, en lugar de enfrentarse a su miedo a cambiar de vida.

PARA QUIEN ESTÁ EN SU LECHO DE MUERTE, HACER BALANCE SIN PENSAR EN LO QUE LOS DEMÁS PUEDAN PENSAR DE ÉL, PUEDE RESULTAR UN EJERCICIO MUY FRUSTRANTE.

PARA TODOS LOS QUE TODAVÍA ESTÁN A TIEMPO DE CAMBIAR SUS VIDAS, PUEDE SER UNA BUENA FORMA DE CORREGIR LO NECESARIO PARA, LLEGADO EL MOMENTO, MORIR SATISFECHOS CON SU EXISTENCIA.

LO MISMO QUE CADA UNO TIENE LA VIDA QUE SE MERECE, ASÍ MISMO SUCEDE CON LA MUERTE, EN FUNCIÓN DE CÓMO PREPAREMOS NUESTRO REGRESO DE DONDE LLEGAMOS UN DÍA, ASÍ SERÁ NUESTRA MUERTE Y NO LO DUDEN ESTIMADOS LECTORES DE ESTE SU BLOG, CADA UNO TENDRÁ LA MUERTE QUE SE MERECE.

REFLEXIÓN:

Las pesadas frazadas la aplastan,
Blancas madejas cubren su cara curtida.
Atrapada en el entumecimiento del tiempo que se estrecha,
Los ojos enceguecidos por la gasa,
Robóticos suspiros hacen eco en su coma.
Los metálicos silbidos del respirador artificial son
La extraña violencia de la compasión moderna.

¿Qué hacemos cuando aquellos que nos importan profundamente están muriendo mientras nosotros seguimos viviendo y trabajando? Podríamos estar tentados de satisfacer nuestros propios sentimientos de injusticia, tristeza, o miedo, pero deberíamos pensar primero en aquellos que están muriendo. Tenemos la responsabilidad de estar con ellos.

No dejes que otros mueran en soledad. No importa qué tan irónica sea tu vida en comparación con su morir, actúa para ellos como ellos ya no pueden actuar. Si extienden la mano buscando alguna manera de sobrellevar su inminente final, no necesitas tener palabras floridas. Solamente estar con ellos, tal vez tomándoles las manos, es elocuencia suficiente. La muerte puede estar cerca, pero cualquier cantidad de tiempo antes de que llegue es precioso.

Los momentos de la vida no son degradados por la muerte. El sólo observar y afirmar es bueno. Después de todo, la muerte nos espera a todos. Sólo el valor que le damos a cada minuto determina la calidad de la vida. Si podemos aceptar eso, entonces ninguna vida es arruinada por la muerte.


sábado, 14 de enero de 2012

EL ANOCHECER Y LA MUERTE


Mira que de ti depende
cómo recordarlos
Tú decides imaginarlos
muertos y en el pasado,
para llorarlos ausentes,
o eliges imaginarlos
vivientes hoy,
para sentir la cercanía
de su presencia.

¿O no sabes acaso por tu experiencia,
que cuando te proyectas
una película de terror,
vives aterrorizado,
y que cuando eliges una de amor,
vibras con ternura?
PORQUE EL AMOR
ES MÁS FUERTE
QUE LA MUERTE:
y la muerte que tu amor
no pudo evitar,
puede vencerla y superarla,
haciéndote vivir en comunión
con tus seres queridos.

Mientras caminas en la noche,
aguardando el amanecer
para ver la plenitud del sol,
contemplas el esplendor sereno de la luna
y gozas de la luz lejana de las estrellas.

Mientras peregrinas
en medio de las penurias del tiempo,
en pos de la felicidad anhelada,
puedes gozar intensamente
de las pequeñas alegrías cotidianas.

El Maestro y su discípulo caminaban en el bosque a la hora del ocaso. El discípulo formulaba sus preguntas, exponiendo sus inquietudes e incertidumbres ante la vida. Y llegaron a conversar sobre la muerte.

El Maestro suspendió la conversación y se detuvo mirando hacia el oeste. En ese momento el sol caía detrás de la línea del horizonte, y sólo dejaba ver sus rayos, surcando el cielo en abanico luminoso.
El discípulo se acopló a su actitud contemplativa, porque sabía que el Maestro extraía una lección para la vida, de todo lo que observaba.

Y LE DIJO:
- MAESTRO, ¿NO TE CAUSA CIERTA PENA LA MUERTE DEL SOL EN LA HORA DEL OCASO? TOMÁNDOLO DEL BRAZO, EL MAESTRO LE INDICÓ EL CAMINO DE REGRESO HACIA LA CABAÑA. Y AMBOS CAMINARON LENTAMENTE.

DETENIDOS ANTE LA PUERTA, ANTES DE INGRESAR, EL MAESTRO DE DIJO:
- ME HABLASTE DE LA MUERTE DEL SOL EN EL OCASO. EL SOL MURIÓ SOLAMENTE PARA TUS OJOS, PORQUE TÚ DEJASTE DE VERLO. MAÑANA, AL AMANECER, MIRAREMOS JUNTOS HACIA EL ORIENTE, Y TE CONVENCERÁS DE QUE NO HABÍA MUERTO.


jueves, 12 de enero de 2012

EFECTOS DE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO SOBRE NUESTRO MUNDO

LA MUERTE PARECE UN EJEMPLO PARADIGMÁTICO DE LO QUE PUEDE LLAMARSE UN "HECHO SOCIAL" SABEMOS QUE LA MUERTE Y LAS PÉRDIDAS SENSIBLES TIENEN LUGAR EN UN CONTEXTO SOCIAL, EN FUNCIÓN DE ORGANIZACIONES, DEFINICIONES PROFESIONALES DE ROL SOCIAL, INTERACCIÓN Y SIGNIFICADO SOCIAL, ADEMÁS, DIFERENTES CULTURAS MANEJAN EL PROBLEMA DE DIFERENTE MANERA.

Si bien el significado de la muerte se define socialmente, y la naturaleza del duelo y el luto reflejan la influencia del contexto social en donde ocurren, es evidente que las dificultades actuales para enfrentar la pérdida de un ser amado se deben, en parte, a la ausencia de rituales establecidos y patrones estructurados de duelo. Ya no sabemos como manejar ese dolor, es más, no queremos saber nada de ello.

No obstante, si la muerte no fuese más que dolor, no sería tan difícil el recuperarnos, pues sólo nos tendríamos que ocupar de encontrar un médico, brujo, chamán, “hierbatero”, naturista, bioenergético, homeópata, que nos enviase una “gotas para el dolor”.

PERO LA MUERTE ES ESPECIALMENTE DIFÍCIL NO PORQUE DUELA, SINO PORQUE DESTRUYE, DESBARATA, DESORGANIZA NUESTRO MUNDO (ESE “CASTILLO DE NAIPES” QUE TANTO TIEMPO NOS COSTÓ CONSTRUIR, ESE “ROMPECABEZAS” QUE TANTO ESFUERZO NOS COSTÓ ARMAR) EN MAYOR O MENOR MEDIDA SEGÚN LO QUE LA PERSONA QUE PERDIMOS PARTICIPASE DE ÉSTE.

Ese mundo nuestro, constituido por tres gran esferas o dimensiones -nuestra realidad, nuestro sentido de vida y nuestra personalidad-, se verá afectado, individual y colectivamente, según lo que la persona que murió participaba en cada uno de ellos y en la totalidad. A mayor compromiso, mayor destrucción. Puede entenderse que el efecto en cada una de estas dimensiones puede muy bien ser diferente en cada persona y en la misma persona según sea la persona perdida (ver gráfico, por ejemplo).

(1) De forma súbita, la realidad que sirve como base a todas nuestras acciones, interacciones y expectativas (es decir, la rutina diaria, nuestras conversaciones con otros, nuestra forma de reaccionar a las cosas, nuestros proyectos, ilusiones, etc.) se hace pedazos. El caos se apodera de nuestra vida, una vida que hasta ese momento se tenía por segura, y que veíamos reflejada en ese mundo de conocimientos compartidos y acumulados sobre el pasado y sobre el futuro con la otra persona. Un mundo, antes seguro y ordenado, se ha vuelto caótico y potencialmente peligroso. No sólo se ha desbaratado la realidad como se entendía (la forma en que veíamos la vida), sino que aquellas personas con las que antes se contaba para darle continuidad a nuestra vida se vuelven extrañas, confusas en sus respuestas o están muy absorbidas por su dolor y desconcierto. De hecho, el mundo ha dejado de ser confiable y seguro: se ha convertido en un lugar donde puede suceder cualquier cosa.

(2) Si la persona que perdimos era importante para nuestra relación diaria con otros o con el mundo, es probable que el sentido de la vida se desbarate o se pierda: todas las actividades y conversaciones que teníamos con la persona fallecida, los propósitos del presente y los planes para el futuro ya no vienen al caso, ya no tienen sentido: hasta preparar el sancocho que tanto le gustaba ya no tiene sentido. La vida con la persona fallecida, que tanto tiempo nos constó construirla (muchos años de convivencia), deja de tener sentido cuando la persona ya no existe.

(3) Cuando se convive muchos años con una persona llega uno a tal grado de intimidad que uno no sabe que es de uno y que era del otro: uno u otro cogen “los vicios del otro” y se confunden las personalidades. Así, cuando el ser querido fallece, es que se puede entender al superviviente cuando afirma que ha perdido una parte esencial de ellos mismos, que se sienten vacíos o huecos, extraños o irreales. Aun cuando lamentemos y aceptemos la muerte de un vecino o familiar lejano, y nos preocupemos por los deudos, nuestro mundo social privado y nuestra identidad (nuestra personalidad) siguen estando protegidos y firmes contra el caos que la muerte desencadena.

De igual forma, supongamos que muere mi padre, y expresamente señalo: “Bueno, pues mi padre ocupaba de mi realidad (como yo soy médico y estoy todo el día ocupado… además, sólo le veo cada 15 días…), digamos, un 5%; de mi sentido de vida (pues…. mi sentido de vida depende casi por completo de mi carrera, de mis pacientes, mis propios hijos, mi esposa, mi hogar….), digamos otro 5%, en cambio, de mi personalidad mucho más, casi un 70%, pues mi padre y yo éramos iguales…” . En ese momento salta mi hermana y dice: “pues mi caso es diferente: yo me quedé soltera para cuidar a mi padre que era muy enfermito, y es lo que he hecho los últimos 40 años: todo el día estaba con él, de un lado para el otro, le hacía la comida, le planchaba la ropa, jugábamos dominó juntos, paseábamos en el parque, etc., es decir, mi padre era toda mi realidad, 100%; respecto a mi sentido de vida, bueno… yo vivía para y por él, aunque a mi me gusta pintar e ir a exposiciones, digamos en mi padre ocupaba un 80%, y en cuanto a mi personalidad, bueno… o tanto, yo soy más parecida a mi madre… digamos un 10%”. ¿Qué significa esto? ¿Qué ella le quería o ama más que yo? No, esto sólo significa que su mundo estaba más comprometido, más absorbido, por ese papá que el mío, por ende, más comprometido y destruido estará para ella tras su muerte que para mi; además, el esfuerzo por recuperarse será también diferente, y en unas dimensiones más que en otras.

LA PÉRDIDA DE SENTIDO DE LA VIDA, DE LA REALIDAD Y LA FRACTURA DE NUESTRA PERSONALIDAD NOS OBLIGAN A "COMPENSAR", MAGNIFICANDO, INFLANDO O MAXIMIZANDO LO QUE QUEDA DE CADA UNA DE ELLAS.

MUCHAS VECES NO ES MÁS QUE DARLES O DEVOLVERLES SU VALOR REAL, PUES LO PERDIDO, “SE HINCHA” TEMPORALMENTE.

Recuperar nuestra realidad, nuestro sentido de la vida, nuestra personalidad íntegra y la confianza en el mundo puede llegar a ser una de las tareas más difíciles de la recuperación. Esto significa, entre otras cosas, enfrentarse con la desorganización y la adaptación a un entorno sin el ser querido. Debido a que cada ser humano participa en mayor o menor intensidad de nuestra realidad, de nuestro sentido de la vida, de nuestra personalidad íntegra y de nuestra confianza en el mundo, un primer paso es establecer qué tanto de cada uno de estos elementos (realidad, sentido de la vida, personalidad y confianza) estaba absorbido por o dependía de nuestro ser querido perdido y, por ende, qué tanto estará afectado por la pérdida. Una vez alcanzado este objetivo, debemos entonces utilizar "lo que queda" como elemento o base para su reconstrucción.

Más énfasis deberemos poner en aquellos aspectos que más seriamente se vean afectados por su dependencia del ser querido; es decir, nuestra prioridad será retomar el trabajo de reconstruir aquello que primeramente esté más afectado.

Así, la muerte de un ser querido suele trastornar de forma más o menos grave la forma en que nos comunicamos y nos relacionamos con otros; las rutinas de la vida diaria se rompen, y ya nada suele tener sentido, pues se crea un desorden de aquellos canales de comunicación y patrones de interacción que reafirman el sentido de estabilidad y que permiten desarrollar y confirmar la identidad y la autoestima. La intensidad de esta respuesta (de este desorden en nuestro mundo) dependerá del papel que tenía el difunto en una o más áreas de esa vida en común.

Aunque la interacción social parece ser un factor clave que permite que el deudo comience a reconstruir su realidad con un significado e identidad en la vida, las circunstancias de esta interacción con el deudo reciente son notablemente complejas; al parecer los deudos son de lo opinión de que mientras ellos tratan de que su "status" pierda importancia en las conversaciones habituales, los demás creen que están obligados a basarse en tal "status" antes de entablar una conversación común.

Por otra parte, es evidente la considerable dificultad que los deudos tienen para manejar los elementos de su propia situación; como parte de la fase inicial de shock y aturdimiento, frecuentemente no saben reiniciar las actividades de la vida diaria que abandonaron antes de la muerte. Una gran parte de estos problemas deriva de su propio "status", que les deja libre la posibilidad de ser tratados con demostraciones de pesar, sin importar como haya sido su comportamiento inicial. Solo con el tiempo pierde este "status" a los ojos de los otros y deja de soportar el tratamiento de "persona de duelo" (tiempo habitualmente muy variable y en parte sujeto a la conducta manifestada por el deudo y las consideraciones particulares del otro). Con frecuencia este momento llega bastante antes de que la persona misma haya dejado de considerarse de duelo.

Habitualmente las personasen duelo, durante una interacción normal, suelen proceder, en primer lugar, a aligerar la presión que su "situación de duelo" impone sobre su interlocutor, lo cual lleva a cabo, generalmente, conversando sobre materias que no se refieran al tema del duelo; cuando el propio deudo quien inicia la conversación del "tema", la situación es vivida frecuentemente con alivio, siempre y cuando el número de palabras utilizadas en su referencia no sea muy extenso. Así, una de las ventajas de tener personas cerca de ellas, con las que comparten el “status" de deudo, es la libertad de poder hablar de "otras cosas" no relacionadas con la pérdida.

Algunos también señalan la necesidad, a menudo durante un largo período de tiempo después de la muerte del ser querido, de contestar al teléfono con un tono grave para aparecer como el receptor adecuado de las condolencias que el interlocutor le ofrecía, o de querer hablar de sus seres queridos meses después, cuando los demás ya consideran que o debe hablarse de ellos. La anticipación del trato de los otros como doliente mantiene a la persona de duelo dentro de este status, al menos en sus encuentros públicos.

La familia, por otro lado, tampoco escapa a las dificultades de interacción que la situación de duelo crea entre sus miembros. Habitualmente las personas que están asociadas con otras en términos de parentesco se consideran con derecho a enterarse de la muerte de uno de los miembros de la familia de forma directa. El círculo más íntimo, la familia inmediata -aquella serie de personas que tienen derecho al uso no calificado del "mi", como una manera de describir la relación con el muerto, cuando este uso puede emplearse como un medio de afirmar justificadamente sus derechos de recibir el tratamiento de quien ha sufrido una pérdida- tiene derecho de conocer la muerte del familiar en forma rápida y directa, minutos u horas después de su ocurrencia, esperando ser informados personalmente o por teléfono, considerándose inapropiado el hacerlo por carta o telegrama, a menos que la situación geográfica así lo demande. Así, los miembros de la familia inmediata tratan de transmitir las noticias de la muerte según un orden supuesto de información.

Aquellos que no tienen contacto íntimo con la familia, al igual que los amigos, consideran que hay un "momento oportuno" para encontrarse con el deudo reciente. Al parecer es importante asegurarse de no ser un "intruso" durante la visita de condolencias, evitando en lo posible alguna escena familiar íntima. Por otra parte, en ocasiones de aflicción aguda, suelen surgir individuos que cumplen la función de "organizar" tales visitas.
Si bien la muerte se considera un "asunto de familia", la ocasión del duelo puede constituir un modo en que se rompen las reglas generales de convivencia; con bastante frecuencia la "casa de los deudos" suele permanecer "abierta" durante los días que siguen inmediatamente a la muerte.

Así, uno se encuentra en tales circunstancias tal mezcla de familiares, amigos, conocidos, compañeros y vecinos que, en virtud de la tan extremadamente variable perspectiva que los presentes tienen del difunto, tal reunión se convierte en verdaderos "momentos sociales".

martes, 10 de enero de 2012

LA BELLEZA DE COMPARTIR EMOCIONES

EVIDENTEMENTE SABEMOS QUE LA EXPERIENCIA DE LOS DEMÁS NO SIRVE COMO EXPERIENCIA PROPIA, PERO SI COMO REFERENCIA, COMPARTIR NUESTRAS EMOCIONES CON LOS DEMÁS SIEMPRE NOS APORTA ALGO NUEVO QUE SE DA EN AMBAS DIRECCIONES.

POR ESO COMPARTIR NUESTRO DOLOR Y VERBALIZARLO, ADEMÁS DE SERVIR COMO TERAPIA, DA A QUIENES NOS ESCUCHAN O LEEN, LA OPORTUNIDAD DE ADQUIRIR NUEVAS IDEAS Y FORMAS DE AFRONTAR LA PERDIDA DE SERES QUERIDOS.

Por eso hoy comparto con vosotros, las frases escogidas de dos novelas en las que la autora escribe sobre la muerte de su hija. A mí me siguen emocionado.
SU AUTORA: ISABEL ALLENDE

NOVELA: PAULA
“Y entonces pensé que desde siglos inmemoriales las mujeres han perdido hijos, es el dolor más antiguo e inevitable de la humanidad. No soy la única, casi todas las madres pasan por esta prueba, se les rompe el corazón pero siguen viviendo porque deben proteger y amar a los que les quedan. Sólo un grupo de mujeres privilegiadas en épocas muy recientes y en países avanzados donde la salud está al alcance de quienes pueden pagarla, confía en que todos sus hijos llegarán a la edad adulta. La muerte siempre está acechando.” Pg 382

Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar… Pg 405

“Mi vida está hecha de contrastes, he aprendido a ver los dos lados de la moneda. En los momentos de más éxito no pierdo de vista que otros de gran dolor me aguardan en el camino, y cuando estoy sumida en la desgracia espero el sol que saldrá más adelante. Pg 409

NOVELA: LA SUMA DE LOS DÍAS
En la segunda semana de diciembre de 1992, apenas cesó la lluvia, fuimos en familia a esparcir tus cenizas… pág. 19-20

“En una sesión el terapeuta el té verde trató de hipnotizarme. No lo logró, pero al menos me relajé y pude ver dentro de mi corazón un trozo enorme de granito negro. Supe entonces que mi tarea sería librarme de eso; tendría que picarlo en pedacitos, poco a poco.
(…)

Meditaba y me evadía a otras dimensiones. Te buscaba, hija. Pensaba en tu alma, atrapada en un cuerpo inmóvil durante aquel largo año de 1992. A veces sentía una gran garra en la garganta y apenas podía aspirar aire, o me agobiaba el peso de un saco de arena en el pecho y me sentía enterrada en un hoyo, pero pronto me acordaba de dirigir la respiración al sitio del dolor, con calma, como se supone que se debe hacer durante el parto, y de inmediato disminuía la angustia. Entonces visualizaba una escalera que me permitía salir del hoyo y salir a la claridad del día, al cielo abierto.

El miedo es inevitable, debo aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice. Una vez dije -o escribí en alguna parte- que después de tu muerte ya no tengo miedo a nada, pero eso no es verdad, Paula. Temo perder o ver sufrir a las personas que amo, temo el deterioro de la vejez, temo la creciente pobreza, violencia y corrupción en el mundo.

En estos años sin ti he aprendido a manejar la tristeza, a hacerla mi aliada. Poco a poco tu ausencia y otras pérdidas de mi vida se van convirtiendo en una dulce nostalgia.

Eso es lo que pretendo en mi tambaleante práctica espiritual: deshacerme de los sentimientos negativos que impiden caminar con soltura. Quiero transformar la rabia en energía creativa y la culpa en una burlona aceptación de mis faltas; quiero barrer hacia fuera la arrogancia y la vanidad. No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto, la auténtica compasión o el estado de éxtasis de los iluminados, parece que no tengo huesos de santa, pero puedo aspirar a las migas: menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría de una conciencia limpia. Pag. 120-121

Con Willie decidimos que era hora de tomar vacaciones. Estábamos cansados y yo no lograba sacudirme el duelo, aunque ya habían pasado más de dos años de tu muerte y casi un año desde la desaparición de Jennifer. Aún no sabía que la tristeza nunca se va del todo, se queda bajo la piel; sin ella no sería yo y no podría reconocerme en el espejo.
Poca gente sospechaba mi estado de ánimo, porque mantenía la actividad de siempre, pero llevaba un gemido en el alma. Le tomé gusto a la soledad, sólo quería estar con mi familia, me molestaba la gente, los amigos se redujeron a tres o cuatro. Estaba gastada. Pág 142-143

Incluso alcancé a consultar con el contador y un par de abogados, quienes me agobiaron con reglamentos, leyes y cifras.”¡Si pudiera llamar a Paula para pedirle consejo!”, exclamé en voz alta. En ese momento llegó el correo y entre la correspondencia había un sobre para mí, escrito con una letra tan parecida a la mía que lo abrí de inmediato. La carta contenía pocas líneas escritas con lápiz en papel de cuaderno:

”De ahora en adelante no trataré de resolver los problemas de los demás antes de que me pidan ayuda. No voy a echarme a la espalda responsabilidades que no me corresponden. No voy a sobreproteger a Nico y mis nietos”

Estaba firmado por mí y fechado siete meses antes. Entonces me acordé de que había ido a la escuela de los nietos para “el día de los abuelos” y la maestra había pedido a todos los presentes que escribieran una resolución o un deseo y lo pusieran en un sobre con su dirección, para que ella lo enviara por correo más adelante. No hay nada extraño en eso. Lo extraño es que llegara justamente en el momento en que yo clamaba por recibir tu consejo. Suceden demasiadas cosas inexplicables. Pág. 166

Los años transcurren sigilosos, de puntillas, burlándose en susurros, y de pronto nos asustan en el espejo, nos golpean a mansalva las rodillas o nos clavan una daga en la espalda. La vejez nos ataca día a día, pero parece que se pone en evidencia al cumplirse cada década. Existe una fotografía mía a los cuarenta y nueve años, presentando “El plan infinito” en España; es una mujer joven, las manos en la caderas, desafiante, con un chal rojo sobre los hombros, las unas pintadas y unos largos zarcillos (…)

Otra foto mía, un año más tarde, muestra a una mujer madura, el pelo corto, los ojos tristes, la ropa oscura, sin adornos. Me pesaba el cuerpo, me miraba en el espejo y no me reconocía.

Así será en el futuro, sólo que en vez de notarlo en cada década, será cada año bisiesto, como dice mi madre. Ella va veinte años más adelante que yo, abriéndome el camino, mostrándome cómo seré en cada etapa de mi vida.

Me repite que me cuide, que me quiera, que saboree las horas, porque se van muy rápido, que no deje de escribir, para mantener la mente activa, y que haga yoga para poder agacharme y ponerme yo sola los zapatos.

Agrega que no me esmere en conservar una apariencia joven, porque los años se me notarán de todos modos, por mucho que trate de disimularlos, y no hay nada tan ridículo como una vieja con ínfulas de lolita. No hay trucos mágicos que eviten el deterioro, sólo se puede posponer un poco. Pág. 183-184

La abuela Hilda, que siempre fue una mujer pequeña y delgada, en las semana siguientes se convirtió en un duende minúsculo y rejón, tan liviano que la brisa de la ventana la hacía levitar. Sus últimas palabras fueron:

“Pásenme la cartera, porque Paula me vino a buscar y no quiero hacerla esperar”

Unos días más tarde regresé a California con un puñado de cenizas de la Abuela Hilda en una cajita, para esparcirla en tu bosque, porque ella quería estar en tu compañía. Pág 344

lunes, 9 de enero de 2012

LA CERTEZA DE LA VIDA ESPIRITUAL

MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA MATERIAL EXISTE OTRA: LA VIDA ESPIRITUAL QUE NOS HABLA DE LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN, PORQUE DIOS, EN SU AMOR, NO NOS LIMITA A ESTOS POCOS AÑOS DE LA EXISTENCIA.

¿EXISTE VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE?
¿ADÓNDE VAN NUESTROS SERES QUERIDOS?
¿PUEDEN INFLUIR EN NUESTROS PENSAMIENTOS?
¿VUELVEN A VIVIR ENTRE NOSOTROS?

ESTAS Y OTRAS INQUIETUDES SEMEJANTES NOS RONDAN EN NUESTRO VIVIR.

LA VIDA Y LA MUERTE SIEMPRE FUERON INTERROGANTES EN LA CONCIENCIA DEL SER HUMANO.

El conocimiento de la vida espiritual ha dejado de ser un mito o un tema, que con diversas interpretaciones, quedaba reservado a las religiones.

Diversos filósofos y científicos sostuvieron su existencia y el hombre actual, con toda su apertura hacia conocimientos superiores, lo entiende como una posibilidad que enriquece su vida y le abre horizontes insospechados.

La vida espiritual es ya una verdad incuestionable, responde a su existencia con la lógica de la ciencia y el clamor del corazón, repercutiendo en sus actos y en su conciencia.

LA DOCTORA E. KUBLER ROSS (LA MUERTE UN AMANECER) EXPRESA: "... SIGNIFICA EL PUERTO DE PAZ FINAL QUE NOS ESPERA. ESE ESTAR EN CASA AL QUE VOLVEMOS UN DÍA DESPUÉS DE ATRAVESAR NUESTRAS ANGUSTIAS, DOLORES Y SUFRIMIENTOS, DESPUÉS DE HABER APRENDIDO A DESEMBARAZARNOS DE TODOS LOS DOLORES Y SER LO QUE EL CREADOR HA QUERIDO QUE SEAMOS..."

La muerte es sólo un paso hacia una vida más plena, llena de matices, de afectos, donde los sentimientos se expanden sin limitaciones de prejuicios materiales, donde el pensamiento se enriquece en el conocimiento de las leyes divinas que rigen la vida del hombre y lo promueven a destinos superiores de la evolución.

ASÍ CONCEBIDA, LA MUERTE DE UN SER QUERIDO, PASA A SER SÓLO UN PUENTE, QUE SI BIEN PRODUCE EL DOLOR DE LA SEPARACIÓN, NO TIENE LA DESESPERACIÓN DE LO DEFINITIVO, PORQUE NOS QUEDA ESA DULCE ESPERANZA DEL REENCUENTRO, LA POSIBILIDAD DE SENTIRLO MUY CERCA NUESTRO, INTUYÉNDONOS, SOSTENIÉNDONOS Y ALENTÁNDONOS EN LA VIDA.

Influyen en nuestro vivir cotidiano, con la posibilidad que le brinde nuestro pensamiento puesto en el recuerdo y en la medida que sintamos serenidad y conformidad ante las situaciones de dolor.

Sólo así podremos relacionarnos con ellos mediante el pensamiento y el sentimiento que siempre se expande cuando el amor los envuelve, más allá de las limitaciones físicas.

PORQUE ELLOS, NUESTROS SERES QUERIDOS, SIGUEN VIVIENDO, NOS VISITAN, SE ACERCAN A NOSOTROS Y NOS ENVUELVEN CON SU AMOR, CON SU DESEO DE QUE NOS LLEGUE LA PAZ Y LA SEGURIDAD DE SU EXISTENCIA.

LOS AFECTOS NO SE PIERDEN CON LA MUERTE, SINO QUE CONTINÚAN EN LA CONFORMACIÓN DE ESA FAMILIA ESPIRITUAL QUE ENSANCHA LOS LAZOS DE AMOR VIVIDOS EN LA MATERIA Y QUE SE POTENCIAN EN EL PLANO ESPIRITUAL.

MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA MATERIAL EXISTE OTRA: LA VIDA ESPIRITUAL QUE NOS HABLA DE LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN, PORQUE DIOS, EN SU AMOR, NO NOS LIMITA A ESTOS POCOS AÑOS DE LA EXISTENCIA.

HAY UN MARAVILLOSO ESLABONARSE ENTRE LA VIDA MATERIAL Y LA ESPIRITUAL Y ASÍ, EL SER HUMANO DESCUBRE SU PROYECCIÓN, DEPOSITA SUS ILUSIONES Y SU ALMA SE NUTRE CON LA ESPERANZA EN LA CONTINUIDAD DEL AMOR, MÁS ALLÁ DE LAS BARRERAS FÍSICAS.